Ha sido un éxito total. Una vez pasado el temor a que el pequeño Álvaro dijera que aquello de un señor con pelos de loco y violín no eran suficiente para atar su atención... todos pudimos disfrutar de una maravillosa hora de música y risas.
Tanto Alejandro como Álvaro lo disfrutaron muchísimo. Casi me atrevería a aventurar que más Álvaro, y eso que habíamos barajado la opción de no llevarle. Habríamos cometido un error.
En el último momento decidimos que era mejor arriesgarnos y tener que salir con él fuera porque armara jaleo que dejarle sin la oportunidad de... ¿descubrir su vocación? (No caerá esa breva).
Eso sí, le "enchufamos" un buen biberón justo antes del comienzo, porque con la barriguita llena uno acepta mejor lo que venga.
Primavera, Verano, Otoño, Invierno... La estaciones se fueron sucediendo de mano de una maravillosa narradora y las manos vituosas de Ara.
Tanto nos gustó, que al llegar a casa pasamos la tarde del sábado y el domingo escuchando de fondo a este portentoso violinista.
De modo que sí, cumplió su objetivo, como él bien dijo, acercar la música clásica a grandes y pequeños y quitar ese cliché de seriedad que parece que tiene.
Los niños siguieron disfrutando de la música en casa, y su padre, que tambien es virtuoso... y grande... y fuerte... les convirtió un rato en violines. Algo que los niños aceptaron encantados mientras "rasgaban" sus barriguitas al son de la música.
En este fin de semana, marcado por la cilogénesis explosiva que nos mantuvo en casa casi sin poder salir, Ara fue... UN SOPLO DE AIRE FRESCO ;)
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