BIENVENIDO ÁLVARO

El 3 de enero a las 14:00 horas llegó Álvaro. Midió 50 centímetros y pesó 3120 gr.
Recuerdo que pensamos que "no era nuestro". Jajaja. No se parecía en nada a Alejandro, y supongo que pensamos que sería su viva imagen. Tampoco se parecía a nosotros... ¡Nos lo han cambiado! Cómo no le vi en quirófano, le preguntaba una y otra vez a José Carlos si, el bebé de la habitación, era el mismo que le habían dado en el quirófano. Lo reflejo como anécdota, jajaja. De esas cosas que se piensan después de dar a luz.
Desde el primer día está siendo un niño buenísimo que se despierta 1 ó 2 veces para comer por la noche y apenas llora. Es un "benditín" que yo le llamo. Lo sentimientos son distintos al primero. Ahora hay más paciencia, más sabiduría, más experiencia, más tranquilidad...
Alejandro lo vive bien. Está pasando por sus propias etapas y Álvaro no interfiere en ellas. Las rabietas, la frustración, el egocentrismo... Apenas le molesta la presencia de Álvaro. Tan solo si el que lo coge es su padre. A mí me rechaza un poco pero ya era así desde que volvió su padre de EEUU. Nunca sabremos como le afectó esa separación y como vive estos momentos con su padre.
Alejandro fue, muy a mi pesar, todo los días al hospital. Tenía un buen catarro y yo no dejaba de pedir que lo alejaran de Álvaro porque se lo iba a pegar. No fue así, pero de todos modos, de esa no se librará. Tarde o temprano.

POST PARTO: LOS DIEZ PRIMEROS DÍAS

El mismo día de la cesárea fue, probablemente, uno de los peores días de mi vida. Al bebé apenas le miré y mucho menos cambié de ropa o le cambié el pañal. Lo único que podía hacer era retorcerme de dolor en la cama. Intenté darle el pecho varias veces pero él no se cogía y yo apenas podía sostenerle, así que a última hora de la tarde le dimos un biberón del hospital. De madrugada me quitaron la sonda y me dijeron que cuando tuviera ganas de ir al baño que me levantase. Cuando llegó el momento no había manera de moverse y creí que me lo haría encima. Finalmente, mi madre colocó los respaldos del sofá en el suelo, a modo de torre, y me arrastré de la cama hacia ellos y de ellos al suelo y así, logré ponerme de pie e ir al baño. La cicatriz permaneció tapada durante ese primer día. Al día siguiente me encontraba algo mejor e incluso di un corto paseo. Pero los dolores son terribles. Me dijeron que me curarían la cicatriz y aquello estaba tapado con esparadrapo. Imaginé a una enfermera tirando de todo aquello y sacándome las entrañas. Entonces me dijeron que podía quitarmelo en la ducha, bajo el agua. Me metí en la ducha y empecé a tirar de aquello. Mi madre estaba a mi lado. Yo mojaba y tiraba. Cuando ya estaba acabando sentí que me mareaba. Perdí el conocimiento. Me desperté enrollada con una toalla en un sillón rodeada de enfermeras. Por si no me había bastado el show del quirófano, ahí estaba el show del cuarto de baño. Conseguí darle el pecho al bebé y a partir de ahí empezó a comer regularmente. El aliado: el cojín de lactancia. No me lo había llevado y tuve que pedir que me lo cogieran. Lo mejor, ya que te rodea, apoyas en el al bebé y proteges la zona de la cicatriz. La cicatriz estaba genial. Once grapas. Pero muy bien. Las curas son: ducharse con agua y jabón, cristalmina y taparlo con una gasa. El viernes, día de Reyes me dieron el alta. En casa con mucha ayuda, sobre todo para levantarme de la cama o del sofá y acostarme. José Carlos me daba al bebé y, por supuesto, se ocupa de Alejandro. Alejandro va a la guardería asñi que estamos solos con el bebé. Cada día me encuentro un poco mejor y ya puedo levantarme y acostarme sola. Hoy, viernes, me quitan las grapas. Yuhuuuuuuuuuuu. La blastoestimulina en spray ha sido mi gran amiga estos días. Fue mi mejor descubrimiento ya desde el post de Alejandro (gracias Marga).

3 DE ENERO: LA CESÁREA

El 3 de enero, en mi revisión ginecológica, decidimos que haríamos la cesárea. En los monitores salieron un par de contracciones fuertes y en el tacto, la doctora me dijo que el cuello del útero estaba blando, así que... ¡Para qué esperar más! Me fuí del hospital con José Carlos porque tenía algo que hacer en la oficina. Eso convierte a mi marido en lo peor, jajaja. Ya que en el parto de Alejandro, me dejó en casa con las contracciones y se fue a la oficina... Aunque esta vez... Era diferente. Volvimos e hice el ingreso. En la habitaciçon me pusieron una vía y un suero porque no había desayunado y pasarían muchas horas antes de que pudiera comer. Eran las 12:30 ó más y sabía que tenían una cesárea a esa hora. Teniendo en cuenta que me habían dicho que mínimo, una hora por cesárea... Calculé que no me tocaría hasta las 14 ó 15 de la tarde. ¡Entonces entró un celador! Dijo-¡Vamos!- Y yo contesté -No puede ser, hay otra chica antes- Y me contestó- Te han pasado a ti primero- Así que cogí la bolsa con la ropa de Álvaro y me bajaron en la camilla a una sala de dilatación.
Desde que sabía que me harían la cesárea ese día las contracciones habían ido en aumento. Estaba tan nerviosa que creo que me habría puesto de parto. En la sala me monitorizaron y pensé que estaría ahí un buen rato. Entonces... ¡Entró el celador!- ¡Vamos!-. -¿A dónde?- dije yo... -¡Al quirófano!- Contestó. Qué rapidez. Me pasaron al quirófano y entonces... Se desencadenó la tormenta. Mientras llegaba el anestesista yo charlaba con la doctora sobre los Reyes de sus hijas... Intentaba mantener la calma y distraer la mente. Iban a "rajarme" y estaba muy asustada. El anestesista tardó unos 10 minutos y me colocaron gorro, etc. Y enmpezó la obra. Primero el anestesista me pinchó una anestesia local en la espalda. Sentí unas descargas eléctricas en la pierna derecha. Recuerdo que pensé que sólo me haría efecto en ese lado del cuerpo. Después me puso la intradural. No me dejó catéter. Sería la dosis justa para la intervención. Yo empecé a sentir un hormigueo por las piernas, pero las sentía y pensé que me iban a abrir y que todavía estaba todo despierto y me dolería.
Me pusieron un tubo en la nariz con oxígeno, por primera vez en mi vida, lo que no contribuyó a que me sintiera más tranquila. Sentí como el pánico llegaba. No podía respirar y tenía ganas de vomitar. Y así lo hice saber. Me colocaron una sábana semitransparente frente a la cara y creí que me volvía loca. No paraba de hablar, de decir que iba a vomitar, que me encontraba muy nal. Quería huir y ya era tarde. Una señora se puso a mi lado. No sé si era la matrona o una enfermera o la señora de la limpieza. Me cogió de la mano y la verdad es que me tranquilizó bastante. Entonces me quitarón la sábana de delante mientras me preguntaba por qué no empezaban ya. Había leído que aún no sintiendo dolor, sentías y notabas todo cuanto te hacían y yo esperaba atenta al "sentir" de todas aquellas cosas que debían hacerme. Pero empezó a irse la gente y yo pregunté -¿Qué pasa?- Y me contestó mi ginecóloga -Nada, ya está- ¡¡YA ESTÁ!! Debieron de ser unos 15 minutos o menos. El bebé ya estaba fuera con su padre y yo había hecho el ridículo. ¡GENIAL! Volvimos los tres juntos a la habitación. Y mientras tenía la zona dormida muy bien. Pero no tardó en despertar... Entonces... POST PARTO.

3, 4 u 11 DE ENERO?

Estas tres, el 3, el 4 y el 11 de enero, son las tres fechas previstas para la cesárea de Álvaro. Mañana es 3, y tengo monitores a las 8 de la mañana. Existe 1/3 de posibilidades de que me diga que me quede, y 1/3 de que me diga que vuelva al día siguiente... Y si no es mañana ni pasado, será si remedio el 11 de enero. Así que os podéis imaginar cómo estoy. A medida que pasa el día me va venciendo el histerismo. Los pensamientos son encontrados. Tenerlo ya para acabar con esta barriga, ver que está bien y cogerlo en mis brazos. Esperar una semana más y descansar más tiempo, tirarme en el sofá y ver la tele con JC en el trabajo y Alejandro en la guardería. Yo creo que va a ser el 11, aunque mañana insinúe lo cansada que estoy y lo mal que me encuentro... Me duele terriblemente la espalda y las costillas... ¿Por qué? Porque ahora apenas tengo contracciones, no he perdido nada del tapón mucoso y me va a decir que no he dilatado nada. Recuerdo que a estas alturas, con Alejandro estaba más "preparada". Incluso creímos que se adelantaría... Aunque esto no es una ciencia exacta... Estuve que "parecía" que me ponía de parto durante 3 semanas, y nació en su día prácticamente. En cambio ahora puedo estar tan "verde" y ponerme de parto en cinco minutos... Estas cosas nunca se saben. El caso es que vienen las fiestas de reyes y mi doctora se va. No lo ha dicho claramente pero en Reyes no está. Y lo que no querría que ocurriera es ponerme de parto y llegar y que no estuviera. Pero... ¿Cuánto pesará Álvaro? Sé lo que peso yo... Y eso que me he pasado todo el embarazo vomitando. He engordado ya 15 kilos. Con Alejandro llevaba 12 esta semana. Y no vomité nada. Así que, tal vez, sea grande. Pero... ¿Y si me hago la cesárea mañana y Álvaro pesa poco? Me remordería mucho la conciencia... Los bebés, cuánto más gorditos mejor. Me siento fatal. No quiero ser una egoísta pero estoy acojonada y quiero terminar ya. Quiero ver que está sano, quiero que pasemla cesárea, quiero volver a recuperar mi nivel de hormonas. Estoy triste y asustada. Realmente... ¿Es tan malo querer terminar ya? Ahora me está dando patadas. Sé que es cierto que dónde mejor está es dentro... Y sé que nazca cuando nazca lo diré siempre. Estoy hecha un lío...