FIN DE SEMANA EN LOZOYUELA


Había reservado desde hacía "siglos" una casa rural en la sierra para celebrar San Valentín en familia. Aparentemente era una casa preciosa, con tres habitaciones, cocina, dos baños, salón comedor con chimenea... Un lujo, vaya. Lo mejor es que tenía acceso a un patio fantástico donde los niños pasarían el día jugando (abrigados, eso sí) y yo recostada sobre mi dulce marido escuchando música o viendo una estupenda película.
Nada más lejos de la realidad. A los dueños de "Las casas de Ángela" se les olvido poner que era un apartamento con un largo pasillo que lo estrechaba aún más. Interior.  Y que el acceso, lejos de estar a pie de calle, eran unas estupendas en interminables escaleras, por lo que el supuesto acceso al patio era saliendo de la casa y girando a la izquierda. Eso, junto a muy mal tiempo y que había que dejar la casa el domingo a las 12 ¡sorpresa!. Como si fuera un hotel. Con lo cual, el único día que salió el sol, el fin de semana se había acabado... Hizo de lo que iban a ser unos maravillosos días, unos agonizantes y fríos días.
Para más INRI, los chicos que cogieron la casa contigua no fueron a pasar un fin de semana tranquilo, si no más bien a realizar botellón bajo techo en la sierra y golpear insistentemente, y no sabemos por qué, muebles, mesas, sillas y cajones de madrugada.
Por si fuera poco, llevamos a los niños al puerto de Navafría, por eso de "que ya que estamos aquí" y tuvieron que sacarnos porque nos quedamos varados en el hielo.
Lo único bueno es que volvimos a casa... Y estas fotos que hicimos, que cuando veamos en un futuro nos parecerá que incluso lo pasamos bien...

CUANDO "MOLI" VISITÓ NUESTRA CASA

Cosas que hacía/decía tu madre y ahora haces tú:
Rellenar justificantes del colegio (y pagar, claro)
Coser pantalones rotos y pegar rodilleras con la plancha
Master en quitamanchas de comida para babys y camisetas
¡Quitar piojos! (Puaj)
Decir: "tienes que cortarte el pelo"
Los trabajos manuales de los peques (¡que son muy peques! ¿No se dan cuenta que lo tienen que hacer los padres?)
Contar un cuento antes de dormir
Llevar cien vasos de agua a la habitación de los niños -¡Mamá! ¡Agua!.
Cocinar (¡oh! ya no vale micro/horno/freidora)
Encontrar cosas (Eso ha sido algo paranormal. He pasado de no encontrar nada a encontrarlo todo. Debe ser un gen que te sale con el parto. Eso sí, en mi casa. En casa de mi madre lo sigue encontrando todo ella. Se ve que los genes no se superponen.)
Y la lista continúa. Pero una cosa que no recuerdo jamás, JAMÁS, ¡JAMÁS! Es tener mascota en clase y llevarla a casa, que tuviera que hacerme fotos con ella y rellenar un libro.

EL LIBRO VIAJERO

Os presento a Moli. Moli es la mascota de la clase de Alejandro (El año pasado era Nuba). Es un muñeco chica (creo) y es la protagonista de sus libros escolares. Dónde lee y pinta, vaya, sale la Moli ésta.
Todos los niños están deseando que Moli vaya a su casa, como si fuera un ser vivo que vaya a caminar por las habitaciones, sentarse a comer y comentar el capítulo de Bob Esponja. Y no sólo eso. Hay que tratar a Moli como una reina. Nada de dejarla tirada por ahí, o correrá salvajemente a decir a todos que TU HIJO y en TU CASA es dónde PEOR lo ha pasado.

Así que yo, que ya no me acordaba que todos los años tienen un "bicho" de estos y unos días dedicados a él, voy a recoger a mi pequeño a clase y me encuentro que me recibe con una fantástica sonrisa, mucho más grande que con la que mira una copa de chocolate y nata, y una gigantesca bolsa colgada del hombro. Este niño, que no es capaz de llevar a clase su minimochila... Cargaba feliz con un libro tamaño A3 y de la bolsa, además, asomaban unas extrañas y amenzantes coletas de colores.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
Había llegado el momento de "EL libro viajero". Y eso sólo significaba una cosa: que tendría que hacerlo yo. De nada sirve negociar con el papá en estos casos. Manualidades, rotos, justificantes, manchas... son de mami..

Llevamos a Moli a cenar al Ni Hao, por eso de que luego no diga que fuímos ratas con ella. Y porque como excusa estaba bien y a mi la comida oriental me encanta. Y ya que me iba a comer este marrón, mejor entre un rollito y un pato pekín.

Al "caernos" Moli entre semana, no iba a haber mucho que rascar de modo que hice todas las fotos la segunda noche. Cuando Alejandro se durmió, coloqué a la muñeca en diveros sitios de la casa y fotografié su animada excursión nocturna.

Lo mejor es que enseñé las fotos a Alejandro a la mañana siguiente y se partía de risa pensando que cuando él se había quedado dormido, Moli había decidido explorar y jugar por su cuenta.
Adoro esta inocencia. Mejor retratarla... Para constatar que algún día la tuvo.

Como comprendereis, no todas fueron a parar al libro... Es mejor que ciertas cosas... NO SE SEPAN. Y entre Moli y yo, tiene que haber algún secreto shhh.











MIS PRIMERAS CUATRO ESTACIONES DE VIVALDI by Ara Malikian

Este fin de semana hemos ido al concierto de Ara Malikian "Mis primeras cuatro estaciones de Vivaldi" en el teatro Lara de Madrid.
Ha sido un éxito total. Una vez pasado el temor a que el pequeño Álvaro dijera que aquello de un señor con pelos de loco y violín no eran suficiente para atar su atención... todos pudimos disfrutar de una maravillosa hora de música y risas.
Tanto Alejandro como Álvaro lo disfrutaron muchísimo. Casi me atrevería a aventurar que más Álvaro, y eso que habíamos barajado la opción de no llevarle. Habríamos cometido un error.
En el último momento decidimos que era mejor arriesgarnos y tener que salir con él fuera porque armara jaleo que dejarle sin la oportunidad de... ¿descubrir su vocación? (No caerá esa breva).


Eso sí, le "enchufamos" un buen biberón justo antes del comienzo, porque con la barriguita llena uno acepta mejor lo que venga.
Primavera, Verano, Otoño, Invierno... La estaciones se fueron sucediendo de mano de una maravillosa narradora y las manos vituosas de Ara.
Tanto nos gustó, que al llegar a casa pasamos la tarde del sábado y el domingo escuchando de fondo a este portentoso violinista.


De modo que sí, cumplió su objetivo, como él bien dijo, acercar la música clásica a grandes y pequeños y quitar ese cliché de seriedad que parece que tiene.
Los niños siguieron disfrutando de la música en casa, y su padre, que tambien es virtuoso... y grande... y fuerte... les convirtió un rato en violines. Algo que los niños aceptaron encantados mientras "rasgaban" sus barriguitas al son de la música.


En este fin de semana, marcado por la cilogénesis explosiva que nos mantuvo en casa casi sin poder salir, Ara fue... UN SOPLO DE AIRE FRESCO ;)
Si quieres saber más sobre este concierto  pincha aquí

TU PERFECTO DESORDEN by Pedro Simón (El Mundo)

Hoy os dejo un artículo de Pedro Simón para el Diario El Mundo. ¿Os sentís identificados? Tu perfecto desorden




Tu perfecto desorden 

Te tropiezas con un balón de espuma y encuentras un muñeco bajo el sofá. Giras el grifo del lavabo y descubres que anida un pato de goma. Abres la sandwichera y ahí están, achicharrados, tres cromos del Osasuna.

A veces maldigo este caos de casa tumultuosa con niños. Pero sé que algún día maldeciré todo el orden a solas que vendrá después.

Vuestros libros ordenados, pero sin ser abiertos. Vuestras camas hechas, pero frías. Los platos pulcramente recogidos en la alacena, pero sin nadie con quien comer.

Tener hijos y salir a la calle es como llegar a la ceremonia de los Oscar de sobrado con dos estatuillas bajo el brazo, una hora antes de que empiece la entrega de premios: sabes que te los has ganado seguro.

Tener hijos es pisar la acera a las ocho y media con toda la gimnasia hecha: los abdominales del estrés, las flexiones del 'no se puede', el pilates del 'haz lo que debes', el yoga del 'aprovecha el tiempo', los lumbares de la desobediencia y de la sinrazón. En tan solo media hora, mientras te aseas. Así que cuando sales al mundo adulto ya no te acojona nada y todo te preocupa lo justo.

Para convención popular, la que montas un domingo lluvioso en casa con los amigos de tus hijos.

Para dimisión irrevocable, la que te presentan cada día que les pones verduras.

Para exclusiva, la de que el pequeño tiene otra novia y no hace declaraciones.

Para 'share', la audiencia que os da mamá durante le cena, siempre con un cuento delante.

Para traición, la mía, que nunca estoy; la vuestra, que habéis preferido la Play a las chapas.

Para problemas laborales, los que me da esa ortografía en huelga y sin servicios mínimos.

Para inflación, la de los besos de Martín, que cada vez los vende más caros.

Para crisis, la que acontece cuando se acaba el verano.

Me lo enseñó una tarde mi abuela, que lo llevaba escrito en un marcapáginas y leía una novela de Capote, eso de que los legados más importantes que los padres y las madres pueden dejarles a sus hijos son dos: uno son las raíces; el otro, las alas.

Algún día regresaré a casa tarde a causa del trabajo (o de la falta del mismo). Abriré la puerta del salón y todo estará en orden. Será que habéis volado, vaya. Entonces echaré en falta la felicidad que era este perfecto desorden.