FIN DE SEMANA EN LOZOYUELA


Había reservado desde hacía "siglos" una casa rural en la sierra para celebrar San Valentín en familia. Aparentemente era una casa preciosa, con tres habitaciones, cocina, dos baños, salón comedor con chimenea... Un lujo, vaya. Lo mejor es que tenía acceso a un patio fantástico donde los niños pasarían el día jugando (abrigados, eso sí) y yo recostada sobre mi dulce marido escuchando música o viendo una estupenda película.
Nada más lejos de la realidad. A los dueños de "Las casas de Ángela" se les olvido poner que era un apartamento con un largo pasillo que lo estrechaba aún más. Interior.  Y que el acceso, lejos de estar a pie de calle, eran unas estupendas en interminables escaleras, por lo que el supuesto acceso al patio era saliendo de la casa y girando a la izquierda. Eso, junto a muy mal tiempo y que había que dejar la casa el domingo a las 12 ¡sorpresa!. Como si fuera un hotel. Con lo cual, el único día que salió el sol, el fin de semana se había acabado... Hizo de lo que iban a ser unos maravillosos días, unos agonizantes y fríos días.
Para más INRI, los chicos que cogieron la casa contigua no fueron a pasar un fin de semana tranquilo, si no más bien a realizar botellón bajo techo en la sierra y golpear insistentemente, y no sabemos por qué, muebles, mesas, sillas y cajones de madrugada.
Por si fuera poco, llevamos a los niños al puerto de Navafría, por eso de "que ya que estamos aquí" y tuvieron que sacarnos porque nos quedamos varados en el hielo.
Lo único bueno es que volvimos a casa... Y estas fotos que hicimos, que cuando veamos en un futuro nos parecerá que incluso lo pasamos bien...

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