CUANDO "MOLI" VISITÓ NUESTRA CASA

Cosas que hacía/decía tu madre y ahora haces tú:
Rellenar justificantes del colegio (y pagar, claro)
Coser pantalones rotos y pegar rodilleras con la plancha
Master en quitamanchas de comida para babys y camisetas
¡Quitar piojos! (Puaj)
Decir: "tienes que cortarte el pelo"
Los trabajos manuales de los peques (¡que son muy peques! ¿No se dan cuenta que lo tienen que hacer los padres?)
Contar un cuento antes de dormir
Llevar cien vasos de agua a la habitación de los niños -¡Mamá! ¡Agua!.
Cocinar (¡oh! ya no vale micro/horno/freidora)
Encontrar cosas (Eso ha sido algo paranormal. He pasado de no encontrar nada a encontrarlo todo. Debe ser un gen que te sale con el parto. Eso sí, en mi casa. En casa de mi madre lo sigue encontrando todo ella. Se ve que los genes no se superponen.)
Y la lista continúa. Pero una cosa que no recuerdo jamás, JAMÁS, ¡JAMÁS! Es tener mascota en clase y llevarla a casa, que tuviera que hacerme fotos con ella y rellenar un libro.

EL LIBRO VIAJERO

Os presento a Moli. Moli es la mascota de la clase de Alejandro (El año pasado era Nuba). Es un muñeco chica (creo) y es la protagonista de sus libros escolares. Dónde lee y pinta, vaya, sale la Moli ésta.
Todos los niños están deseando que Moli vaya a su casa, como si fuera un ser vivo que vaya a caminar por las habitaciones, sentarse a comer y comentar el capítulo de Bob Esponja. Y no sólo eso. Hay que tratar a Moli como una reina. Nada de dejarla tirada por ahí, o correrá salvajemente a decir a todos que TU HIJO y en TU CASA es dónde PEOR lo ha pasado.

Así que yo, que ya no me acordaba que todos los años tienen un "bicho" de estos y unos días dedicados a él, voy a recoger a mi pequeño a clase y me encuentro que me recibe con una fantástica sonrisa, mucho más grande que con la que mira una copa de chocolate y nata, y una gigantesca bolsa colgada del hombro. Este niño, que no es capaz de llevar a clase su minimochila... Cargaba feliz con un libro tamaño A3 y de la bolsa, además, asomaban unas extrañas y amenzantes coletas de colores.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
Había llegado el momento de "EL libro viajero". Y eso sólo significaba una cosa: que tendría que hacerlo yo. De nada sirve negociar con el papá en estos casos. Manualidades, rotos, justificantes, manchas... son de mami..

Llevamos a Moli a cenar al Ni Hao, por eso de que luego no diga que fuímos ratas con ella. Y porque como excusa estaba bien y a mi la comida oriental me encanta. Y ya que me iba a comer este marrón, mejor entre un rollito y un pato pekín.

Al "caernos" Moli entre semana, no iba a haber mucho que rascar de modo que hice todas las fotos la segunda noche. Cuando Alejandro se durmió, coloqué a la muñeca en diveros sitios de la casa y fotografié su animada excursión nocturna.

Lo mejor es que enseñé las fotos a Alejandro a la mañana siguiente y se partía de risa pensando que cuando él se había quedado dormido, Moli había decidido explorar y jugar por su cuenta.
Adoro esta inocencia. Mejor retratarla... Para constatar que algún día la tuvo.

Como comprendereis, no todas fueron a parar al libro... Es mejor que ciertas cosas... NO SE SEPAN. Y entre Moli y yo, tiene que haber algún secreto shhh.











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