Ha pasado mucho tiempo sin actualizar el blog, de modo que
casi con eso lo digo todo. Las cosas han cambiado… Bastante.
El poco tiempo del que dispongo lo dedico a mi. A mi piel
(que sigue fatal con Rosácea), a mi pelo (que se cae a puñados) y a mis uñas
(sin comentarios).
Pero hoy he decidido que esto quiero recordarlo algún día,
así que vamos allá.
Alejandro va a
cumplir 5 años. ¿Y qué hace un niño de 5 años del siglo XXI? No, mejor dicho
¿Qué hace Alejandro?
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Desayunar/comer/cenar en el salón viendo los
dibujos o gritar que quiere desayunar/comer/cenar en el salón viendo los
dibujos
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Vestirse sólo o pedir que le vistan… Aunque se
viste solo. Pero prefiere quedarse quito y que le vistan. Eso sí, el niño si
quiere… se viste sólo.
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Llevar juguetes, peluches, catálogos de
juguetes… a escondidas al cole aunque sabe que está prohibido. Y si llevara
algo pequeño vale, pero un peluche de 50 cm o el catálogo de juguetes de El
Corte Inglés son cosas que no pasan desapercibidas fácilmente. A esto le sigue
la consabida bronca de la profe. No se lo dice al niño, me lo dice a mí.
-
No pronuncia la “R”, de modo que “Grande” se
pronuncia “glande” y él, con 5 años, es “glande” de coj…
-
El resto de su vida gira en torno al
Ipad/Iphone. Es un enganche casi enfermizo. Por supuesto, la culpa es nuestra. Del
Ipad/Iphone se descuelgan varios “dones” de los que hace uso:
o Videncia:
cogerá el teléfono justo cuando yo lo necesite
o In-videncia:
Es capaz de decir que no sabe dónde está el ipad mientras está jugando con él
en ese preciso instante, como si no lo viera.
o Don
de la oportunidad: Espera a que estés cagando para venir al baño a pedirte el
ipad
o Abstracción:
Es capaz de no comer, ni pensar, ni dormir, durante días si no le dejas el ipad
o Artes
escénicas: Ha aprendido a derramar lágrimas para que le dejes el ipad y
reacciona como un poseso si no se lo dejas: es capaz de transformarme
convirtiendo nuestro duelo en una especie de Carrie vs Regan
o Ciencia
infusa: No sabe leer, pero de algún modo entiende las instrucciones de un
juego… si es un juego que está en el ipad (asombroso)
o Telquinesia:
no importa donde deje el ipad, siempre aparece en sus manos.
Ahora juega al fútbol dos días a la semana después de clase.
No sé si cree que lo hace bien o cree que forma parte de las actividades del
colegio, pero como no empiece a meter goles haciendo chilenas le borro, porque
me cuesta un riñón, y le apunto a inglés o chino.
Pero Alejandro tiene muchas cosas buenas, ahora no me
acuerdo de ninguna, pero las recordaré o me las inventaré antes de que entre a
leer este blog.
Alvaro va a cumplir 3 años y es pura posesión demoníaca. No
sé ni por dónde empezar. Rompe, tira, desgarra, pinta muebles, araña mesas,
vomita, escupe, pega, grita, llora, tiene rabietas... Y por otro lado está para comerlo. Con sus
rizos dorados, sus ojos del color miel, esos besos, esos abrazos, esa media
lengua… Y alguna de las cosas que lía, que son graciosas. Imita a su hermano,
repite sus palabras como si se le hubieran ocurrido a él… Es un bicho pero me
lo comería.
Piensa que hay un lobo en casa que irá a buscarle si se
levanta de la cama por la noche. Creo que quiere encontrárselo porque no hace
más que levantarse y a mi me encanta que se convierta en mi manta o mi almohada
cuando se me presenta en la cama a las 3 de la mañana… Bueno, a veces no, lo
reconozco, pero estaba escribiendo
y he entrado en “modus tierna”
De Noelia poco
hay que decir, mea caga, llora poco y duerme mucho. Viene a confirmar que es
cierto que hay bebés que duerme toda la noche de un tirón. Cuando alguien me lo
decía creía que se pensaba que yo era gilipollas. Hubiera jurado que era una de
las mentiras más grandes jamás contadas por unos padres. Pero no. Esos niños
existen y a la tercera me ha tocado una. Por si acaso no tentemos más a la
suerte.
Se ríe mucho y cuando lo hace llena de luz mi corazón.
Literalmente. Siento la luz. Podría jurarlo ante notario. Es maravillosa. Ya
balbucea sus primeras sílabas… Y es una “nenuca”, puedo vestirla con cualquier
cosa y está preciosa. Rosa, azul, verde, vestidos, pantalones, camisetas con
hadas, con pajaritos, con lacitos… Continuamente muero de amor. Menos cuando se
pone en “modus aspersor” y vomita todo lo cercano y lo lejano. Entonces muero,
pero de rabia y asco.
Título de Familia
Numerosa
Posteriormente, y después de cambiar la batería un par de
veces de la cámara y repasar 50 fotografías a ver en cuál de ellas sale la sonrisa
perfectamente milimetrada del mayor y el pequeño mira al frente y la niña no
está en el suelo… Te quedas con la primera, en la que aún parecían felices,
aunque miren para todos lados.
La documentación es fácil. Ya la tienes por casa de todas
las gestiones anteriores. Pero una vez la entregas te llevas el primer chasco. Y
es que no eres familia numerosa hasta que no te llega el título a casa. Y hay
quien dice que nunca le ha llegado. Ves como te deniegan becas porque no puedes
presentarlo. No te aceptan el libro de familia y el documento del registro que
certifica que lo eres y lo has solicitado… Y tu cabreo va en aumento hasta que
pasan aproximadamente 3 meses y decides llamar a ver qué pasa. Entonces te
llega. Porque has llamado, si no llamas creo que te toman por tonto y no te lo
mandan nunca.
El
segundo chasco llega con la frase “Los descuentos no son acumulables”. Y es que
para 4 tiendas que hacen descuento siempre tienen alguna oferta que lo jode.
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La
2ª unidad al 10%.
-
El
día del 1%
-
El
3 x 2
-
El
“esto es una franquicia”
- Hoy
no… MAÑANA!!
-
Y llega el fántastico día en que vas al Carrefour y
pasas tu tarjeta “Superfamilias”. Con orgullo y admiración de ti misma. Has
comprado huevos, carne, pescado, fruta, verdura… Todo fresco, fresco, FRESCO!!!
Y llega el instante, llega el momento… Pasas la tarjeta, escuchas ese mágico “bip”
y… Ves como se reduce tu compra en “2 EUROS!!!”. Los mismos que has metido en
el carro y con las prisas y los niños has olvidado recoger. Y la forma de
hablar de Paula de Gran Hermano se queda en anécdota si alguien pudiera leer tu
mente y escuchar como te cagas en la madre que parió al que inventó el plástico
para crear esa MIERDA de tarjeta que no vale para NADA.
Y así, con la cara hecha un cristo, medio calva y sin
maquillar me despido. A ver si el mes que viene tengo tiempo de escribir.
Por cierto, ayer mi hijo Alejandro hizo algo bueno:
dejó de ver la tele un segundo para decirme que me quería. ¡Qué tío más “glande”!
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