23 SEMANAS

Compartir tu embarazo con un niño de 21 meses es prácticamente una aventura dónde la paciencia es lo primero que se pierde. Comienzan las rabietas a la vez que tu barriga empieza a desviar tu columna. Las veces que te agachas a levantar a tu hijo de suelo aumentan proporcionalmente a la dificultad que adquieres en agacharte por el volumen de tu panza. Y ya ni siquiera te preocupas por la salud del que viene porque el llanto y las exigencias del que está no te dejan oir tus propios pensamientos. Las manías que vienen impuestas por los cambios hormonales se cruzan en su camino y con gritos y patadas pretende echarlas a un lado y... Y luego viene la culpabilidad. No, la culpabilidad no... LA CULPABILIDAD. Sólo descanso en la oficina... Paradójicamente.
A esto se unen las preocupaciones, ya no sobre tu futuro bebé, si no sóbre cómo te vas a Apañar con dos. Y ahí entramos en todo un mundo, desde vestirlos por la mañana, pasando por sacarlos a la calle hasta llegar al baño de la noche y todo cuanto hay por medio. Soy capaz de pasarme la noche en vela sopesando la posibilidad de comprar silla de gemelos o no, el buggypod, la plataforma... Ya tengo un máster en opciones y el record de visitas a "segundamano.com" Esto ya lo sabía pero te pasas la vida deseando que alguien te llame "mamá" y llega un momento en que, cuando escuchas "mamá" por veinteaba vez seguida querrías que la madre fuera otra. De repente se me ocurre que necesito estar sola. Y me da la risa. A veces me pregunto cómo puede salir todo bien al final del día cuando parece que el mundo se hará pedazos por la mañana. Pero todo sale, todo llega y al final... De nuevo estás tumbada en la cama pensando en cómo llevarás a uno al pediatra si tienes que llevar al otro que se pondrá a pegar gritos... Mejor me voy a la oficina. Sí, sí compensa. A pesar de todo... COMPENSA.

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